viernes, 10 de diciembre de 2010

Wittgenstein sobre la esperanza

La alegre esperanza y el miedo son primos hermanos.

Willliam Blake. Canción del león para una voz blanca

And there the lion's rudy eyes
shall flow with tears of gold.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Borges

En el sueño se revela el sentido de lo profundo de la existencia, pero no somos capaces de recordarlo cuando nos despertamos.

Puede que sean infinitas las máscaras de la realidad o que sea sólo una, infinitamente repetida.

Sé que en la eternidad perdura y arde
lo mucho y lo precioso que he perdido:
esa luna, esa fragua y esa tarde.

El hoy fugaz es tenue y es eterno.
Otro cielo no esperes ni otro infierno.

El rostro es la imagen y el mapa del mundo: laberinto que refleja los vaivenes del entorno infinito: la historia universal es la de un solo hombre.

La comunión con el universo tiene un coste: hay que renunciar a construir refugios privados para una intimidad presuntamente inviolable: eres tu cuerpo y eres tu alma y es arduo, o imposible, fijar la frontera que los divide.

La memoria de un hombre no es una suma, es un desorden de las posibilidades indefinidas. San Agustín, si no me engaño, habla de los palacios y cavernas de la memoria. La segunda metáfora es la más justa.

[El arte] Estamos acostumbrados a ver en los espejos malvadas fábricas de sueños e ilusiones. Por fin encontramos uno que cambia en realidad la apariencia y nos devuelve el verdadero rostro, no el que insisten en presentarnos las bruñidas superficies que consultamos de ordinario.

El destino literario: la literatura puede conventirse en destino, que vertir la desventura en el molde de las palabras, es un modo de verificar el rumbo de la existencia.

Aquí yo te espero
entre diferentes cervezas rubias.

Y yo, y mi yo, huyendo sin cesar
para llegarte a lo más íntimo posible.

Wittgenstein sobre la enfermedad mental

"Si yo padeciera una enfermedad mental, lo que más me atemorizaría sería que usted adoptara una actitud de sentido común; que usted diera por sentado que yo estaría engañado. (La locura no necesita considerarse como una enfermedad. ¿Por qué no habría de considerársela como un repentino -más o menos repentino- cambio de carácter?

Resultaría interesante para nosotros amparar este fenómeno como algo diferente, por así decirlo. Pienso por ejemplo, en la enfermedad mental.

Fragmentos en los que se detuvo Bru 1

Empiezo mi relación con un hecho que acaeció cuando yo tenía diez años y asistía a la escuela de latín de nuestra pequeña población. Algunas cosas de aquel tiempo exhalan aún para mí su perfume, matizadas de melancolía o asociadas a gratos escalofríos: calles oscuras o iluminadas, casas y torres, campanadas de reloj y caras humanas, aposentos cómodos donde se respira el cálido bienestar, aposentos llenos de misterio vinculados a una fuerte sensación de miedo a los aparecidos. Olor a intimidad caliente, a conejos y a criados, a remedios caseros y a fruta seca. Dos mundos diferentes afluían ahí, confundiéndose; el día y la noche parecían depender de polos distintos. De aquellos mundos uno se reducía a la casa paterna, y ni siquiera la abarcaba toda; en puridad, sólo abarcaba las personas de mi padre y mi madre. Este mundo me era perfectamente conocidos en casi todos los aspectos; sus principales palabras eran papá y mamá, amor y severidad, ejemplo y educación. Sus atributos eran la luz, la claridad, la limpieza. Las frases cariñosas, las manos bien lavadas, los vestidos limpios y las buenas costumbres tenían su centro en él. Se entonaban dentro de él los cánticos corales mañaneros y se festejaba la nochebuena. En tal mundo había líneas rectas y caminos que conducían derechamente al porvenir; formaban parte de él el deber y la culpa, el remordimiento y la confesión, y el perdón y los buenos propósitos, el amor y la veneración.
....................
En cada uno de los seres humanos se ha hecho forma el espíritu, en cada uno padece la criatura, en cada uno de ellos un Redentor es crucificado. Pocos saben hoy lo que es el hombre. Muchos los sienten y, por sentirlo, mueren más aliviados, como yo moriré más aliviado si consigo concluir este relato. No creo ser un hombre que sabe. He sido un hombre que busca y lo soy todavía, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí. Mi historia no es grata, no es suave ni armoniosa; no es como las historias inventadas; sabe a insensatez y a confusión, a demencia y a sueño, como la vida de todos los hombres, como la vida de todos los hombre que no quieren seguir mintiéndose a sí mismos. La existencia de todo ser humano es un camino hacía sí, o un conato de camino o un simple rastro. Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo, pero todos aspiran a serlo, confusamente unos, más claramente otros, cada uno como puede. Todos llevan consigo viscosidades y fragmentos de cáscara de huevo procedentes de un mundo primigenio. Hay quien no llega jamás a ser hombre, y sigue siendo rana, ardilla u hormiga. Hay quien es hombre de medio cuerpo para arriba y pez en lo demás. Mas cada uno es un impulso de la Naturaleza hacia el hombre. Todos nosotros tenemos orígenes iguales: las madres; todos provenimos de la misma sima, pero cada uno, representante de una tentativa y de un impulso desde lo hondo, tiende a su propio fin. Así, podemos entendernos unos a otros, pero sólo a sí mismo puede cada cual interpretarse.
[H. HESSE, principio y final de Demian].

lunes, 4 de octubre de 2010

Mientras no tengamos rostro

"Más bonita que Andrómeda, más bonita que Helena, más bonita que la misma Afrodita. Era una belleza que no deslumbraba hasta después de dejarla de mirar y meditar sobre ella. Mientras estaba a su lado no deslumbraba. Parecía la cosa más natural del mundo".

"Lo único que me consolaba era algo muy diferente. Apenas era un pensamiento, algo muy difícil de expresar con palabras. Había en él mucha filosofía del zorro, cosas que él dice sobre los dioses o sobre la naturaleza divina, pero mezcladas también con otras que decía también el sacerdote sobre la sangre y la tierra y sobre cómo los sacrificios fertilizan las cosechas -no me explico bien. Parecía proceder de aquel del que proceden los temores y las lágrimas. No tenía forma definida. Simplemente había que aferrarse a ello o dejar que se aferrase a ti".

"Mi temor era el tributo a lo inmortal de la carne mortal. Y tras la cumbre inabordable de su incomprensible lenguaje -apenas esta se hubo alcanzado- se oyó el llanto".

"¿O al menos había sido así en el pasado, aquel mismo pasado que después el dios quiso alterar? Y si los dioses pueden alterarlo ¿por qué nunca lo hacen por piedad?".

"En doce meses nada hablaría ni palpitaría por otra cosa que por vos".

"Dicen que un preso es capaz de domar una rata, que llega a quererla de algún modo".

"No es que disipase en absoluto aquellas penas sino que parecían bajo su efecto nobles y gloriosas como una música triste y yo grande y admirable para sufrirlas. Era la reina grande y triste de una canción".

"Con la vejez fue perdiendo el aire de filósofo para versar su charla como retórica, figuras y poesía. Su voz alcanzó un timbre cada vez más estridente y no pensaba de hablar y hablar. Muchas veces me confundía con Psique; otras me llamaba Cretis o con nombre de varón como Cármies o Glaucón".

"En un mundo así (¿existe acaso? No es el nuestro, por descontado) mi camino hubiera sido recto. Ni los propios hubieran podido hallarme culpable. Y ahora contar mi historia como si yo hubiese tenido esa visión que ellos mismos me habían negado".

"Es como oír a un niño tonto silbar una y otra vez la misma canción hasta que uno llega a preguntarse cómo es posible que él mismo lo resista".

"Porque todo aquello que entonces era un simple parpadeo cazado al vuelo en una mirada o un gesto, todo lo que quería decir especialmente al decir su nombre, se había hecho ahora totalmente presente, y no como una insinuación o detalle que deben ser reconstruidos, no como algo que una vez es una cosa y luego otra. ¿Una diosa? Era la primera vez que veía a una mujer de verdad".

"Cuando a uno le llega la hora en que por fin se ve obligado a pronunciar las palabras que durante años ha cobijado en los entresijos del alma, las que , en todo tiempo, no ha hecho más que repetir y repetir como un idiota, uno no haya gozo alguno en las palabras. Comprendí muy bien por qué los dioses no nos hablan abiertamente, ni nos dejan responder. Mientras esas palabras no puedan sernos arrancadas ¿por qué iban a prestar oídos a la cháchara que creemos querer decir? ¿Cómo van a mostrarse ante nosotros cara a cara mientras no tengamos rostro?".

"Vi entonces que las paredes de aquel lugar estaban pintadas, historiadas".

"- Abuelo ¿se volverán así de hermosos los dioses algún día?
- Dicen... pero ni yo que estoy muerto entiendo más que un par de palabras en su lengua y no del todo. Sólo sé esto. Esta era nuestra será un día pasado remoto. Y la Naturaleza Divina puede alterar el pasado. Nada tiene todavía su verdadera forma".

"- Pero ¿quiénes eran? ¿Dos Psiques, una vestida y otra desnuda? Sí, dos psiques, las dos hermosas (si eso tenía ahora algo de importancia) más allá de lo imaginable, aunque no exactamente iguales.
- Tú también eres Psique -se oyó decir a una voz potente".

Carta de Abelardo de Eloísa IV

"Perdónanos pues -y perdona a aquella que es toda tuya- por insistir en las palabras con que traspasas nuestras almas como con espadas de muerte, pues lo que antecede a la muerte es más duro que la misma muerte. Un alma llena de dolor no puede vivir en calma, ni la mente llnea de ansiedad se puede entregar de veras a Dios".