miércoles, 30 de junio de 2010

lunes, 7 de junio de 2010

Oda final


Te has quedado
solo,
celebrado
con negro del que no
sabes,
no puedes sospechar
el aire del futuro
que dejabas,
no ya hay
para ti camino.
Busco torpes
compañías
para olvidarme
de tu simular bondadoso,
no vales tu recuerdo,
no existes.

Fuiste un algo feliz
que arriesgaste,
para echarlo perder
a mi lado,
¿cómo contar desposeído
cuando me haces tragar
este llanto?
No pusiste precios,
no te demoraste
como yo
en lo salvaje,
pero siempre en vela
acariciaste a un miserable,
para hacerle creer
que alguien le espera.

No hablo de momentos de paz,
ni de consuelo,
sólo quiero cantar la queja
que tu fuiste aquí,
da igual las horas,
de tu no estar,
desde entonces,
de ese azote.

Fuiste amador
de cualquier locura
que tramaba,
fuiste en lo profundo indomable,
huías sin decir nada
para darme palabras
mansas,
para aquietar mi alma;
amaste, sí,
la rama truncada
y sus ligeros brotes
en donde mecías tu sombra
a mis pies:
tu astucia indefinida,
tu mirar pardo,
tu arquear.

Tuviste rostro
y reprochabas al tiempo
que te dejaba solo,
fuiste conmigo
de noche deslumbrada,
con un miedo fingido,
un pisar largo,
pasaste el tiempo
sin yo merecerlo,
siempre temprano, cercano,
como un don
sin término
para darme gotas de arena
que te has llevado.

Nunca te desmentiste
del horror de mi pasado,
ni de las tierras afiladas
que hollamos,
más de un vez perdidos,
más de una vez
desgarrados.

No puedes
empujar mis pasos,
una vuelta atrás a
tu último "soy",
ahora desnuda,
voz trasnochada.

Todo ya te ha sido dado.