miércoles, 8 de septiembre de 2010

"Quiero ir a ver a Bru" - Leyre


"Lo malo en el caso Ginzburg no es, como usted supondrá, que los milagros sean manipulados, sino al contrario: ¡No nos libramos de los milagros! !No podremos librarnos de las rosas que en medio del invierno crecen allí donde yace la hermana Rahel!" [Heinrich Böll, Retrato de un grupo con señora].

Bru ante el penalty


"Bloch empezó a percibir de nuevo, y todo al mismo tiempo, siluetas, movimientos, voces, llamadas y formas en lugar de cabellos teñidos con las raíces oscuras, en lugar de un broche solitario en el escote, en lugar de unas uñas ennegrecidas, en lugar de una sola espinilla en las cejas depildas, en lugar del abrigo de pieles en el asiento de una silla de café. Con un solo movimiento, rápido y sereno, cogió al vuelo el bolso que de improviso se había caído de la mesa".

"Bloch estaba bastante borracho. Parecía como si todos los objetos estuvieran fuera de su alcance. Estaba tan alejado de los acontecimientos, que él mismo ya no se hallaba en lo que veía o escuchaba. ¡Como las fotografías aéreas!, pensó, mientras miraba los cuernos y las cornamentas que estaban colgadas en la pared. Los ruidos le parecían intermitencias de la radio, eran parecidos a las voces y carraspeos que se oían en las retransmisiones por la radio de los servicios litúrgicos".

Se vio a sí mismo como si de repente hubiera degenerado a cualquier otra cosa. Ya no encajaba en la realidad; solamente era, y quería seguir siéndolo, afectación e instintos asesinos; yacía allí tan claro y manifiesto, que no se le ocurría ninguna imagen con la que pudiera establecerse una comparación. Era, tal como estaba allí, algo lascivo obsceno, inoportuno: ¡que le entierren!, pensó Bloch, ¡prohibidle, apartadle! Cuando se palpaba recibía una sensación desagradable, pero entonces se dio cuenta de que lo que ocurría era solamente que su conciencia de sí misma era tan fuerte, que la sentía en forma del sentido del tacto en toda la superficie del cuerpo; (...) yacía allí indefenso, incapaz de resistir; con su repugnante interior al descubierto; y no le resultaba desconocido, solamente lo veía de una manera distinta y le parecía repugnante. Se había producido una sacudida y con una sacudida se había desnaturalizado, se había roto su cohesión con el curso de los acontecimientos. Yacía allí, imposible de creer y a la vez tan real; ya no existían comparaciones. Su conciencia de sí mismo era tan fuerte, que le sobrevino una angustia mortal. Comenzó a dudar. Una moneda cayó en el suelo y fue a parar rodando debajo de la cama; se detuvo: ¿una comparación? Entonces se durmió".

"Entonces todo marchó bien durante un rato; los movimientos de los labios de las personas que hablaban con él concordaban con lo que les oía decir; las cosas no se componían solamente de fachada; en el muelle de carga de la lechería estaban arrastrando sacos de harina dentro del almacén; cuando alguien gritaba algo desde el otro extremo de la calle, se oía verdaderamente como si viniera de allá lejos; al parecer, la gente pasaba por la acera de enfrente no recibía ningún dinero por aparecer en un segundo plano; el mozo que llevaba un esparadrapo debajo del ojo tenía una costra real; y la lluvia no aparecía solamente en primer término, sino que caía en la totalidad del campo visual. Entonces Bloch se encontró bajo el alero de una iglesia. Probablemente había llegado allí por alguna callejuela y, cuando empezó a llover, se metió debajo del tejado".

"De manera que el cielo de fondo no se pintaba a ciegas, extendiendo los colores en el indispensable mortero húmedo con el pincel más grueso que se pudiera encontrar o incluso con una brocha, sino que el pintor tenía que pintar un cielo de verdad. (...) Y verdaderamente aquel fondo no parecía solamente un cielo porque estamos acostumbrados a imaginarnos el cielo como fondo sino porque allí, trazo por trazo, estaba pintado el cielo. Estaba pintado con tanta exactitud, pensó Bloch, que casi parecía como si estuviese dibujado; por lo menos con mucha más exactitud que las figurar en primer plano. ¿Y si había añadido el pájaro por algún enfado que había tenido? ¿Y había pintado el pájaro desde un principio o solamente lo había pintado cuando ya había terminado? ¿Y si el artista que había pintado el fondo estaba desesperado?

"Bloch estaba irritado. Dentro de los fragmentos veía los detalles con tanta claridad que le resultaba molesto: como si los trozos que veía salieran por la totalidad. Los detalles le parecían otra vez placas con nombres grabados. "Letreros luminosos", pensó. Así por ejemplo, cuando veía la oreja de la camarera con el pendiente, lo tomaba como algo representativo de toda la persona".

"Y no solamente era una insinuación todo lo que se decía, sino que también los objetos que tenía a su alrededor estaban allí para sugerirle algo. "¡Como si estuvieran haciéndome señas y guiñándome el ojo!", pensó Bloch".

"No era un chillido lo que le asustaba, sino una frase sin pies ni cabeza, después de un montón de frases normales y corrientes. Parecía como si todas las cosas tuvieran otro nombre".

"Se anunció un penalty. (...) - El portero está pensando hacia qué esquina va a lanzar el otro el balón -dijo Bloch-. Si conoce al jugador, sabrá cuál es la esquina que elige normalmente. Pero generalmente, el jugador que lanza el penalty cuenta también con que el portero estas o aquellas conjeturas. Así que el portero sigue reflexionando, y llega a la conclusión de que esta vez el tiro irá dirigido a la otra esquina. ¿Pero qué ocurre si el jugador continúa reflexionando también, y decide dirigir el tiro a la esquina acostumbrada? (...) Bloch vio cómo poco a poco todos los jugadores iban saliendo del área de castigo. (...) - Cuando el jugador toma carrerilla el portero indica con el cuerpo inconscientemente en que se va a lanzar, antes de que hayan dado la patada al balón el jugador puede entonces lanzar el balón tranquilamente en la otra dirección -dijo Bloch-. Es como si el portero intentara abrir una puerta con una brizna de paja. De repente el jugador echó a correr. El portero, que llevaba una camiseta de un amarillo chillón, se quedó parado sin hacer un solo movimiento, y y el jugador le lanzó el balón a las manos".
[Peter Handke, el miedo del portero al penalty].

Memoria e inmortalidad


"Hasta ese momento no supe que era inmortal ni supe hasta qué punto también era moral: oí los gritos de los niños asesinados en Belén, y con aquellos gritos se mezclaba el grito de la muerte de Fruklahr, un grito que no había oído nadie, pero que ahora llegaba a mis oídos: olía el aliento de los leones que despedazaron a los mártires, sentí sus zarpas como espinas en mi carne; sentí el saber del agua salina de los mares, gotas amargas de lo más profundo de las profundidades, y se me aparecieron imágenes que se desbordaban de sus marcos como el agua se desborda por las orillas..., paisajes que jamás había visto, rostros que jamás había conocido, y me adentré por aquellas imágenes hasta llegar al rostro de Hedwig, choqué con Brolaski, con Helene Frenkel, con Frulahr, me abrí paso de nuevo hasta Hedwig, y supe que su rostro era imperecedero, que volvería a verla con un pañuelo encima del rostro, un pañuelo que yo arrancaría para mostrar aquel rostro a Gröming. El rostro de Hedwig, que no podía ver con mis ojos, porque la noche era tan oscura: pero yo no necesitaba ojos para verla. Surgieron imágenes de la cámara oscura: me vi a mí mismo inclinándome con un extraño sobre Hedwig, y tuve celos de mí mismo; vi al hombre que la había abordado, sus dientes amarillos, su carrera, vi a Mozart, lo vi sonreír a la señorita Klontick, la profesora de piano que vivió junto a nuestra casa, y la señora Kurbelstrasse aparecía llorando en todas las imágenes, y seguía siendo lunes, y supe que yo no querría seguir adelante, lo que quería era volver atrás, no se adónde, pero atrás" [H. Böll, El pan de los años mozos].

viernes, 3 de septiembre de 2010

Cuando seas viejo (una modificación a un poema de Yeats)



Cuando seas viejo, y gris, y vencido del sueño,
dormites junto al fuego y veas esta que ahora escribo,
y lentamente leas, y sueñes con la dulce mirada
que tuvieron sus ojos una vez, y sus sombras profundas.
Cuántos amaron los momentos de su gloria feliz,
y amaron su belleza con amor falso o sincero.
Más un hombre amó en él su alma peregrina
y amó también las penas de su rostro cambiante.
Y al inclinare al resplandor vecino
murmurarás con algo de tristeza, como él huyó
y a grandes pasos recorrió montañas
y su rostro se escondió en multitud de estrellas.