
"Bloch empezó a percibir de nuevo, y todo al mismo tiempo, siluetas, movimientos, voces, llamadas y formas en lugar de cabellos teñidos con las raíces oscuras, en lugar de un broche solitario en el escote, en lugar de unas uñas ennegrecidas, en lugar de una sola espinilla en las cejas depildas, en lugar del abrigo de pieles en el asiento de una silla de café. Con un solo movimiento, rápido y sereno, cogió al vuelo el bolso que de improviso se había caído de la mesa".
"Bloch estaba bastante borracho. Parecía como si todos los objetos estuvieran fuera de su alcance. Estaba tan alejado de los acontecimientos, que él mismo ya no se hallaba en lo que veía o escuchaba. ¡Como las fotografías aéreas!, pensó, mientras miraba los cuernos y las cornamentas que estaban colgadas en la pared. Los ruidos le parecían intermitencias de la radio, eran parecidos a las voces y carraspeos que se oían en las retransmisiones por la radio de los servicios litúrgicos".
Se vio a sí mismo como si de repente hubiera degenerado a cualquier otra cosa. Ya no encajaba en la realidad; solamente era, y quería seguir siéndolo, afectación e instintos asesinos; yacía allí tan claro y manifiesto, que no se le ocurría ninguna imagen con la que pudiera establecerse una comparación. Era, tal como estaba allí, algo lascivo obsceno, inoportuno: ¡que le entierren!, pensó Bloch, ¡prohibidle, apartadle! Cuando se palpaba recibía una sensación desagradable, pero entonces se dio cuenta de que lo que ocurría era solamente que su conciencia de sí misma era tan fuerte, que la sentía en forma del sentido del tacto en toda la superficie del cuerpo; (...) yacía allí indefenso, incapaz de resistir; con su repugnante interior al descubierto; y no le resultaba desconocido, solamente lo veía de una manera distinta y le parecía repugnante. Se había producido una sacudida y con una sacudida se había desnaturalizado, se había roto su cohesión con el curso de los acontecimientos. Yacía allí, imposible de creer y a la vez tan real; ya no existían comparaciones. Su conciencia de sí mismo era tan fuerte, que le sobrevino una angustia mortal. Comenzó a dudar. Una moneda cayó en el suelo y fue a parar rodando debajo de la cama; se detuvo: ¿una comparación? Entonces se durmió".
"Entonces todo marchó bien durante un rato; los movimientos de los labios de las personas que hablaban con él concordaban con lo que les oía decir; las cosas no se componían solamente de fachada; en el muelle de carga de la lechería estaban arrastrando sacos de harina dentro del almacén; cuando alguien gritaba algo desde el otro extremo de la calle, se oía verdaderamente como si viniera de allá lejos; al parecer, la gente pasaba por la acera de enfrente no recibía ningún dinero por aparecer en un segundo plano; el mozo que llevaba un esparadrapo debajo del ojo tenía una costra real; y la lluvia no aparecía solamente en primer término, sino que caía en la totalidad del campo visual. Entonces Bloch se encontró bajo el alero de una iglesia. Probablemente había llegado allí por alguna callejuela y, cuando empezó a llover, se metió debajo del tejado".
"De manera que el cielo de fondo no se pintaba a ciegas, extendiendo los colores en el indispensable mortero húmedo con el pincel más grueso que se pudiera encontrar o incluso con una brocha, sino que el pintor tenía que pintar un cielo de verdad. (...) Y verdaderamente aquel fondo no parecía solamente un cielo porque estamos acostumbrados a imaginarnos el cielo como fondo sino porque allí, trazo por trazo, estaba pintado el cielo. Estaba pintado con tanta exactitud, pensó Bloch, que casi parecía como si estuviese dibujado; por lo menos con mucha más exactitud que las figurar en primer plano. ¿Y si había añadido el pájaro por algún enfado que había tenido? ¿Y había pintado el pájaro desde un principio o solamente lo había pintado cuando ya había terminado? ¿Y si el artista que había pintado el fondo estaba desesperado?
"Bloch estaba irritado. Dentro de los fragmentos veía los detalles con tanta claridad que le resultaba molesto: como si los trozos que veía salieran por la totalidad. Los detalles le parecían otra vez placas con nombres grabados. "Letreros luminosos", pensó. Así por ejemplo, cuando veía la oreja de la camarera con el pendiente, lo tomaba como algo representativo de toda la persona".
"Y no solamente era una insinuación todo lo que se decía, sino que también los objetos que tenía a su alrededor estaban allí para sugerirle algo. "¡Como si estuvieran haciéndome señas y guiñándome el ojo!", pensó Bloch".
"No era un chillido lo que le asustaba, sino una frase sin pies ni cabeza, después de un montón de frases normales y corrientes. Parecía como si todas las cosas tuvieran otro nombre".
"Se anunció un penalty. (...) - El portero está pensando hacia qué esquina va a lanzar el otro el balón -dijo Bloch-. Si conoce al jugador, sabrá cuál es la esquina que elige normalmente. Pero generalmente, el jugador que lanza el penalty cuenta también con que el portero estas o aquellas conjeturas. Así que el portero sigue reflexionando, y llega a la conclusión de que esta vez el tiro irá dirigido a la otra esquina. ¿Pero qué ocurre si el jugador continúa reflexionando también, y decide dirigir el tiro a la esquina acostumbrada? (...) Bloch vio cómo poco a poco todos los jugadores iban saliendo del área de castigo. (...) - Cuando el jugador toma carrerilla el portero indica con el cuerpo inconscientemente en que se va a lanzar, antes de que hayan dado la patada al balón el jugador puede entonces lanzar el balón tranquilamente en la otra dirección -dijo Bloch-. Es como si el portero intentara abrir una puerta con una brizna de paja. De repente el jugador echó a correr. El portero, que llevaba una camiseta de un amarillo chillón, se quedó parado sin hacer un solo movimiento, y y el jugador le lanzó el balón a las manos".
[Peter Handke, el miedo del portero al penalty].