lunes, 4 de octubre de 2010

Mientras no tengamos rostro

"Más bonita que Andrómeda, más bonita que Helena, más bonita que la misma Afrodita. Era una belleza que no deslumbraba hasta después de dejarla de mirar y meditar sobre ella. Mientras estaba a su lado no deslumbraba. Parecía la cosa más natural del mundo".

"Lo único que me consolaba era algo muy diferente. Apenas era un pensamiento, algo muy difícil de expresar con palabras. Había en él mucha filosofía del zorro, cosas que él dice sobre los dioses o sobre la naturaleza divina, pero mezcladas también con otras que decía también el sacerdote sobre la sangre y la tierra y sobre cómo los sacrificios fertilizan las cosechas -no me explico bien. Parecía proceder de aquel del que proceden los temores y las lágrimas. No tenía forma definida. Simplemente había que aferrarse a ello o dejar que se aferrase a ti".

"Mi temor era el tributo a lo inmortal de la carne mortal. Y tras la cumbre inabordable de su incomprensible lenguaje -apenas esta se hubo alcanzado- se oyó el llanto".

"¿O al menos había sido así en el pasado, aquel mismo pasado que después el dios quiso alterar? Y si los dioses pueden alterarlo ¿por qué nunca lo hacen por piedad?".

"En doce meses nada hablaría ni palpitaría por otra cosa que por vos".

"Dicen que un preso es capaz de domar una rata, que llega a quererla de algún modo".

"No es que disipase en absoluto aquellas penas sino que parecían bajo su efecto nobles y gloriosas como una música triste y yo grande y admirable para sufrirlas. Era la reina grande y triste de una canción".

"Con la vejez fue perdiendo el aire de filósofo para versar su charla como retórica, figuras y poesía. Su voz alcanzó un timbre cada vez más estridente y no pensaba de hablar y hablar. Muchas veces me confundía con Psique; otras me llamaba Cretis o con nombre de varón como Cármies o Glaucón".

"En un mundo así (¿existe acaso? No es el nuestro, por descontado) mi camino hubiera sido recto. Ni los propios hubieran podido hallarme culpable. Y ahora contar mi historia como si yo hubiese tenido esa visión que ellos mismos me habían negado".

"Es como oír a un niño tonto silbar una y otra vez la misma canción hasta que uno llega a preguntarse cómo es posible que él mismo lo resista".

"Porque todo aquello que entonces era un simple parpadeo cazado al vuelo en una mirada o un gesto, todo lo que quería decir especialmente al decir su nombre, se había hecho ahora totalmente presente, y no como una insinuación o detalle que deben ser reconstruidos, no como algo que una vez es una cosa y luego otra. ¿Una diosa? Era la primera vez que veía a una mujer de verdad".

"Cuando a uno le llega la hora en que por fin se ve obligado a pronunciar las palabras que durante años ha cobijado en los entresijos del alma, las que , en todo tiempo, no ha hecho más que repetir y repetir como un idiota, uno no haya gozo alguno en las palabras. Comprendí muy bien por qué los dioses no nos hablan abiertamente, ni nos dejan responder. Mientras esas palabras no puedan sernos arrancadas ¿por qué iban a prestar oídos a la cháchara que creemos querer decir? ¿Cómo van a mostrarse ante nosotros cara a cara mientras no tengamos rostro?".

"Vi entonces que las paredes de aquel lugar estaban pintadas, historiadas".

"- Abuelo ¿se volverán así de hermosos los dioses algún día?
- Dicen... pero ni yo que estoy muerto entiendo más que un par de palabras en su lengua y no del todo. Sólo sé esto. Esta era nuestra será un día pasado remoto. Y la Naturaleza Divina puede alterar el pasado. Nada tiene todavía su verdadera forma".

"- Pero ¿quiénes eran? ¿Dos Psiques, una vestida y otra desnuda? Sí, dos psiques, las dos hermosas (si eso tenía ahora algo de importancia) más allá de lo imaginable, aunque no exactamente iguales.
- Tú también eres Psique -se oyó decir a una voz potente".

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