
"Algunas veces, cuando estaba diciendo unas frases que había pensado con anterioridad, se equivocaba; cuando lo que decían las peluqueras resultaba ser exactamente igual que lo que él se había imaginado mientras estaba escuchando, le era imposible contestar" [P. HANDKE,
El miedo del portero al penalty].

"Y las hojas se movían tan lentamente en la superficie de agua que se intentaba mirar sin pestañear hasta que le ardían los ojos, pues se tenía miedo de que, con el pestañeo se pudiera confundir, sin darse cuenta, el movimiento de las pestañas con el movimiento de las hojas" [
Ibid].
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