miércoles, 7 de julio de 2010

El inocente no espera


Si un platillo se hace añicos con estrépito, un balón que rueda aplasta las flores, manos infantiles arrojan guijarros a la pintura de los coches, lo recién lavado recién planchado es rociado por las mangueras del jardín, entonces las voces se vuelven estridentes, las voces que no pueden chillar ni por estafas ni por adulterios ni abortos. "Hija, tienes los oídos super-sensibles, toma una medicina". No tomes nada, Marie [...]. En vano intentarás irritarte con el trasnochado consumo de derechas de Blothert. Hay una bonita palabra: nada. No pienses en nada. Ni en el canciller, ni en los católicos, piensa en el payaso que llora en bañera, que derrama café en sus zapatillas [Heinrich Böll, Opiniones de una payaso, XIV].

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