Puede que sean infinitas las máscaras de la realidad o que sea sólo una, infinitamente repetida.
Sé que en la eternidad perdura y arde
lo mucho y lo precioso que he perdido:
esa luna, esa fragua y esa tarde.
El hoy fugaz es tenue y es eterno.
Otro cielo no esperes ni otro infierno.
El rostro es la imagen y el mapa del mundo: laberinto que refleja los vaivenes del entorno infinito: la historia universal es la de un solo hombre.
La comunión con el universo tiene un coste: hay que renunciar a construir refugios privados para una intimidad presuntamente inviolable: eres tu cuerpo y eres tu alma y es arduo, o imposible, fijar la frontera que los divide.
La memoria de un hombre no es una suma, es un desorden de las posibilidades indefinidas. San Agustín, si no me engaño, habla de los palacios y cavernas de la memoria. La segunda metáfora es la más justa.
[El arte] Estamos acostumbrados a ver en los espejos malvadas fábricas de sueños e ilusiones. Por fin encontramos uno que cambia en realidad la apariencia y nos devuelve el verdadero rostro, no el que insisten en presentarnos las bruñidas superficies que consultamos de ordinario.
El destino literario: la literatura puede conventirse en destino, que vertir la desventura en el molde de las palabras, es un modo de verificar el rumbo de la existencia.
Aquí yo te espero
entre diferentes cervezas rubias.
Y yo, y mi yo, huyendo sin cesar
para llegarte a lo más íntimo posible.
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