Oh, pues, hombre perdido que eres causa de todas estas heridas, mira cuán grandes motivos tienes para amar, tener y esperar en este Señor y compadécete de El: para amar, siendo lo mucho que padeció por ti; para temer siendo el rigor con que en sí mismo castigó tus pecados; para esperar considerando cuan copiosa redención y satisfacción se ofrece aquí por ellos y para compadecerte de El, considerando la grandeza de este tormento y la mucha sangre que el Señor aquí derramó (XXIV).
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