martes, 14 de diciembre de 2010

Las grandes amistades - Maritain

Dejo correr la memoria hacia atrás remontando la corriente del tiempo.

Y recojo lo que me aporta cada una de las olas que viene a estrellarse en mi viveza.

Este le dijo que había sido terriblemente tentado por Hegel, y que gracias a la crítica kantiana escapó a los postigos del panteísmo y pudo reservar un lugar intacto a su fe religiosa en medio de sistemas filosóficos cuya historia se dedicaba a descifrar.

Entonces todo se nos hacía absurdo -e inaceptable- sin que siquiera supiésemos qué era lo que se negaba en nosotros de esa manera a aceptar.

Los que nos salvó entonces, lo que hizo que nuestra real desesperación todavía condicional, fue justamente nuestro sufrimiento. Esta dignidad apenas consciente del espíritu salvó nuestro espíritu de la presencia de un elemento irreductible al absurdo a que todo trataba de conducirnos.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Fray Luis de León

Tales tormentos dice quién sois vos y quién soy yo; quien yo pues cometí tales pecados que merecieron tal castigo y quién vos, pues tanta vuestra caridad que tomasteis vos tales delitos (XXIII).

Oh, pues, hombre perdido que eres causa de todas estas heridas, mira cuán grandes motivos tienes para amar, tener y esperar en este Señor y compadécete de El: para amar, siendo lo mucho que padeció por ti; para temer siendo el rigor con que en sí mismo castigó tus pecados; para esperar considerando cuan copiosa redención y satisfacción se ofrece aquí por ellos y para compadecerte de El, considerando la grandeza de este tormento y la mucha sangre que el Señor aquí derramó (XXIV).

Don Quixote I, 1

Pero esto importa poco para nuestro cuento; basta que en la narración de él no se salga un punto de verdad.

Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido que no a los sacara y entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para ello solo.

Salisbury

A pesar de los tristes recuerdos que en mí evoca aquella noche siempre que me viene a la memoria va acompañándola de una gran sensación de triunfo.

Amy Tan - El club de la buena estrella

Ven desde el sur, avanza con el viento...¡puum! El norte seguirá. El viento más fuerte no puede verse.

Mi aliento parecía el humo de un voraz incendio.

Fray Luis de Granada - Vida de Jesucristo

Para que aquí entiendas cómo el señor azota y regala, mortifica y da vida, y cómo finalmente es verdad lo que dice el apóstol: Sabe muy bien librar el Señor a los justos de la tribulación.

Crónica de un imposible. Jose Luis Olaizola

Riquezas que lucían mucho, pero eran nada comparado con las penalidades que pasaban para conseguirlas, y aunque protestaban por los repartos que hacía Cortés, ninguno desistía, soñando que algún día encontrarían el lugar donde nace el oro. Y a ese sueño, se incorporaron también, los que llegaron de Cuba de Narváez.

As time goes by - the road goes ever on

Y los Eldar decían que la luz de los Dos Árboles, Laurelin y Telperion, había quedado enredadas entre sus trenzas. Muchos consideraron que estas palabras hicieron pensar a Fëanor por primera vez en la posibilidad de capturar y mezclar la luz de los Árboles, lo que más tarde cobró forma en sus manos como los Silmarils.

Karen Blixen

Los nativos de África que no saben leer, lo siguen teniendo; si empiezan a contarles: "Una vez un hombre caminaba por las praderas y se encontró otro hombre", estarán pendientes de ti, sus mentes seguirán a los dos hombres de la pradera por sus sendas desconocidas.

Cuando se hubieran acostumbrado a la idea de poesía me pedían: "Habla otra vez, habla como la lluvia".

Cuando llegó el día de marcharme aprendí la extraña lección de que ocurren cosas que te es imposible imaginar, sea de antemano, o en el momento en que se producen o después al recordarlas. Las circunstancias pueden tener una fuerza motriz que genera acontecimientos sin ayuda de la mente o percepción humana. En esas ocasiones eres consciente de lo que pasa al seguirlo con atención momento a momento, como un ciego al que guían y que pone un pie delante de otro con prudencia, pero sin saber donde pisa. Las cosas te ocurren y tú lo sabes, pero salvo eso no tienes ninguna relación con ellas, no conoces la clave de su causa o significado. Los animales salvajes en un circo me parece que hacen su programa de la misma forma. Los que han pasado por acontecimientos semejantes pueden decir, de alguna manera, que han pasado por la muerte -no mediante la imaginación sino mediante la experiencia.


Heinrich Böll

...El punto de partida no es el presunto "compromiso", sino el lenguaje, y con éste se somete al Estado y a la sociedad. Se trata casi de una reacción físico-química. Y cuando, en el transcurso de la experiencia, cuyos resultados se registran por y en la expresión, aparecen conflictos, viejas fatigas, problemas reprimidos o diferidos, entonces sí, es posible que uno se ponga agresivo. Pero no creo que la agresividad sea lo primero en la marcha de un escritor; lo que cuenta ante todo para él es el lenguaje y el deseo de exponer una cuestión determinada; el punto de partida, pese a las apariencias, no es tan moral ni moralizador.
Todos los escritores están inconsolables ante el estado del universo, de la humanidad, independientemente del sistema político que vivan; inconsolables ante los limitadores sistemas del orden, ante el desprecio a los problemas que nunca se podrán resolver por el derecho y la ley. El escritor ama la tierra como a una mujer desconocida a la que abraza una vez y no vuelve a ver nunca: la creación literaria es la impresión de estar siempre en contacto con la muerte. La literatura escrita por cristianos está sometida, única y exclusivamente, a las reglas de la literatura; no existe un estilo cristiano, no hay novelas cristianas, sino sólo cristianos que escriben, y cuanto más se concentre un cristiano, como artista, en el estilo y la expresión, más cristiana será su obra.

Todo lo escrito se escribió contra la muerte. Escribir es una empresa fácil, pues la amante no está dispuesta a acceder a una legalización de las relaciones: no desea casarse, no quiere que el amor se vuelva una obligación. Y hay una cosa que le asusta más que nada: que su compañero quiera ceñirla en el corsé de sus propias ideas. Si es así, se vengará trayendo al mundo niños de madera: literatura cristiana (o toda aquella a la que le vaya bien el uniforme del realismo socialista). La raíz es la amargura por la condición humana, ante la cual el escritor debe acusarse también ("el escritor siempre se abre proceso a sí mismo), como representante más visible ante sí mismo de esa sociedad que, por más que se corrija en lo económico o político, siempre estará sujeta al mal, por ser el mundo una humanidad empecatada -una humanidad con la "falta" como elemento de la condición humana.

domingo, 12 de diciembre de 2010

El arpa de hierba

"La vida tembló en el jarro y las pequeñas mariposas que volaban en torno a la llama parecían llevar bufandas amarillas entre las ramas negras".

"Los espíritus aceptan la vida, dan por sentadas las diferencias y, en consecuencia, siempre tienen problemas".

"¿Es que soy un necio por querer algo así? ¿Cuánta energía desperdiciamos escondiéndonos unos de otros, temerosos de que se nos conozca, de que nos identifiquen? Pero nosotros hemos sido identificados: como locos subidos a un árbol. Es una gran suerte que sepamos hacer uso de esa situación. No tenemos necesidad de preguntarnos por la imagen que presentamos. Tenemos libertad para averiguar quiénes somos en realidad, si estamos convencidos de que nadie puede echarnos de aquí. Es su inseguridad lo que hace que nuestros amigos conspiren para negar las diferencias. Entregué mi corazón en el pasado a extraños que desaparecían de pronto, que se bajaban en la primera estación: puestos todos ellos juntos quizá hubieran formado esa persona única en el mundo, pero sería como si tuviese una docena de rostros moviéndose por cien calles diferentes. Esa es mi oportunidad de encontrar la persona única en vosotros, en usted Sr. Dolly, en Riley, en todos ustedes".

sábado, 11 de diciembre de 2010

Rilke en la Octava Elegía

Y vosotros espectadores, siempre, por donde quiera,
vueltos hacia el todo, pero jamás a la lejanía,
las cosas nos desbordan. Las ordenamos. Se disgregan.
Las ordenamos nuevamente y nosotros nos disgregamos.
¿Quién nos colocó así, de espaldas, de modo
que hagamos lo que hagamos siempre estamos
en la actitud de aquel que se marcha? Como aquel
que, sobre la postrera colina que le muestra todo el valle
por última vez se vuelve, se detiene, se demora,
así vivimos nosotros, siempre en despedida.

Peter Handke en el juego de las preguntas

¿Y por qué vosotros habéis podido
bendecir a los que venían después?
¿Y por qué con cada cosa que me
van apartando de vosotros, de modo
que ya no puedo dejarles nada de
vuestra bendición a nuestros hijos, que
detrás del horizonte se mueven ignorantes
sobre el abismo?

La fórmula de Hölderlin

¡Ven a lo abierto, amigo! Cierto es que poca
es la luz que hoy desciende y el cielo se nos cierra.
No se vislumbran las cimas de los montes sobre el bosque
como quisiéramos, y el aire está quieto y vacío de cánticos.
El día es triste. Las calles y los caminos dormitan
y casi parece que el tiempo es de plomo.
Pero surge el anhelo, los sumisos creyentes no dudan
de esa hora única y dedican este día al placer.
Pues no menos alegra lo que hemos ganado del cielo,
cuando se nos niega a nosotros y al final se concede a los niños.
Con tal de que estas razones, así como los pasos y fatigas
nos valgan la victoria y sea seguro el júbilo.
Por eso, pues, espero que esto venga
cuando empiece lo que ansiamos
y por primera vez se suelte nuestra lengua.
Y una vez encontrada la palabra y el corazón henchido,
de la embriagada fuente surja el más elevado pensamiento,
con nuestro florecer florezca el cielo
y se abran las luces al abrir nuestros ojos.

Parsifal

En la juventud habías alimentado una angustia grande,
pero la alegría que se acercaba la venció por amor de su esperanza.
Has conseguido la paz del alma
y conseguido la alegría de la vida en tus angustias.

Fragmentos en los que se detuvo Bru 2

Poco años antes de su muerte Faulkner declaraba: "Sartoris es el germen de toda mi actitud" puesto que "con Sartoris descubrí que mi territorio natal, no mayor que un sello en el mapa, era un tema digno de ser tratado, y que nunca viviría el tiempo necesario para agotarlo". Publicada en 1929 como versión elaborada de Banderas sobre Polvo.

Jefferson. Missisipi. Tres dinastías de Sartoris.

"También su habitación se hallaba engañosamente iluminada por la luna, y Bayard, sin encender la luz, se sentó en la cama. Al otro lado de la ventana los interminables grillos y ranas sonaban como si los rayos de la luna fueran frágiles cristales cayendo entre los árboles y matorrales, desmenuzándose sobre el suelo en una lluvia musical; por encima de todo ello, con una cualidad profunda y vibrante, alentaban las mesuradas respiraciones de la bomba de agua en la planta eléctrica, más allá del establo".

"Tampoco ahora pensaba en ella, aunque aquellas paredes encerraran como una flor mustia dentro de un ataúd, la fragancia del caos cósmico; tan trágico y tan pasajero como una floración de madreselva".

"Las esquinas todavía por doblar del destino de un hombre. Bien; el cielo, aquel lugar tan superpoblado, estaba justo detrás de una de ellas, según todos aseguraban; el cielo, lleno de todas las ilusiones de un hombre sobre sí mismo y de las conflictivas ilusiones que acerca de él cruzan las mentes de otras ilusiones... Bayard cambió levemente de posición, suspiró tranquilamente y abrió su pluma estilográfica. Al final de la columna escribió: John Sartoris, 5 de julio de 1918".

"El valor de la paz, repitió de nuevo para sí mismo, dejando escapar las graves palabras una a una en la fría campana de silencio en la que había venido por fin a refugiarse, oyéndolas demorarse y morir después con un sonido tan puro como un leve entrechocar de crital y plata".

"Su mano era cálida, prensil, como mercurio derramado, capaz de explorar suavemente la palma de Horace con huesos delicados y carne perfumada e impaciente. Sus ojos eran como uvas de invernadero y su boca rójamente móvil destilaba descontento".

"Permanecieron así durante algún tiempo, mientras la luz desaparecía y Belle habitaba otro vacío transitorio, repleto de descontento, construyendo un mundo por el que dealbulaba romántica y delicadamente y de manera un tanto trágica, con Horace sentado junto a ella, contemplando no sólo a Belle en el dramático papel autoelegido, sino también a sí mismo actuando como pueda hacerlo un galán maduro a quien le clarea el cabello y empieza a traicionarle el perfil por culpa de la barbilla pero capaz todavía de cambiar de registro sin necesidad de ensayos, mientras los actores jóvenes se muerden amargamente las uñas entre bastidores".

"Ella dijo: - Ven aquí -él fue hacia ella, y en la penumbra Belle resultaba otra vez trágica, joven y familiar creando al mismo tiempo una obsesiva sensación de vacío, y Horace comprendió la triste fecundidad del mundo y la esperanzada desilusión del tiempo que se engaña a sí mismo".

"y poco antes del crepúsculo, en aquellos días del veranillo de San Martín, cuando se extendía por el aire tranquilo una tristeza antigua tan intensa como el aroma de un fuego de leña (...)".

"El viejo Bayard en zapatillas, con los pies apoyados contra la chimenea, la cabeza envuelta en humo y el viejo setter soñando intermitentemente junto a un sillón, reviviendo quizás antiguas y orgullosas actitudes o volviendo incluso a los esbeltos y desgarbados días de su juventud, cuando el mundo estaba lleno de aromas que le encendían la sangre y el orgullo no le había enseñado aún a vivir con moderación".

"Ella le cogió la cara entre las manos, inclinándola, pero sus labios estaban fríos y le supieron a fatalidad y a desastre; luego siguió pegada a él durante un rato con la cabeza reclinada sobre su pecho".

"Por encima de él, los pinos, aunque no había viento que los moviera, emitían continuamente extraños chasquidos, como si la helada qu eestaba en el aire hubiera encontrado una voz".

"Entre sauces inmóviles, obstinadamente verdes, un seco retumbar de sueltas planchas de madera sobre agua de sonoros fulgores. Detrás de ellos el sol era un globo amarrado una hora en el cielo".

"y mientras Narcissa tenía en la mano el pequeño óvalo y los serenos ojos azules le miraban tranquilamente y todo el rostro, entre los rizos leonados, con su piel tersa y su boca de niño, irradiaba algo que era a la vez, alegre e indomeñable, comprendió, como nunca lo había hecho antes, la trágica ceguera del acontecer humano. Y mientras permanecía inmóvil con el medallón en la mano y miss Jenny creía que lo estaba contemplando, lo que Narcissa hacía era acunar al niño que llevaba en el seno con toda la enfebrecida constancia de su naturaleza: era como si ya pudiera discernir la oscura forma plateada de la fatalidad, que también le afectaba a ella".

"Y Narcissa pensó en cuánto más era merecedora de respeto de gallardía de quien nunca había bajado su lanza entre enemigos que ninguna espada era capaz de alcanzar, la firmeza sin quejas de aquellas mujeres que nadie había contado (ni tampoco, ay, llorado), que la pomposa e inútil fascinación de los hombres que las eclipsaban".

"Pero miss Jenny no ignoraba su contenido, acorde con la inscripción y el ejemplo de aquel que dominaba a todos y que dotaba a todo el cementerio, consagrado en teoría al descanso de gente muy fatigada, de una retumbante solemnidad que tenía tan poco que ver con su concreta mortalidad como la encuadernación de un libro con la temporalidad de sus personajes, y donde las lápidas de las mujeres que los Sartoris habían conseguido atraer a sus arrogantes órbitas, a pesar de sus pomposas referencias genealógicas, resultaban ser tan modestas y quedaban tan eclipsadas como los cantos de las alondras bajo el nido de un águila".

"Y si tenían el encanto suficiente, habría un Sartoris en ellas y en este caso el desastre estaba asegurado. Peones. Pero el jugador y la partida que juega... Aunque está claro que necesita un nombre para sus peones. Pero quizá sea Sartoris el nombre del juego mismo: un juego pasado de moda y disputado con peones tallados demasiado tarde y utilizando un modelo demasiado viejo, del que el Jugador mismo está un poco cansado. Porque se evoca a la muerte al pronunciar su nombre y está cargado de romántica fatalidad, como flámulas plateadas alejándose a la puesta del sol, o como un agonizante resonar de trompetas en el camino hacia Roncesvalles.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Sobre la virtud

Pero por muchas que sean las dificultades con las que la virtud ha de tropezarse en este mundo, su fuerza es sin embargo superior. Desamparada como aquí está, no está con todo abandonada o dejada en la miseria. Tiene lo suficiente para elevarse por encima de nuestra piedad, aunque no de nuestros deseos, y por feliz que la veamos aquí, son posibles todavía para nosotros esperanzas ulteriores en su nombre. La parte de ella que nos es presente basta para mostrar que la providencia compromete siempre a su favor [Shaftesbury, The Moralists II, 3, A276-7].

Wittgenstein sobre la esperanza

La alegre esperanza y el miedo son primos hermanos.

Willliam Blake. Canción del león para una voz blanca

And there the lion's rudy eyes
shall flow with tears of gold.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Borges

En el sueño se revela el sentido de lo profundo de la existencia, pero no somos capaces de recordarlo cuando nos despertamos.

Puede que sean infinitas las máscaras de la realidad o que sea sólo una, infinitamente repetida.

Sé que en la eternidad perdura y arde
lo mucho y lo precioso que he perdido:
esa luna, esa fragua y esa tarde.

El hoy fugaz es tenue y es eterno.
Otro cielo no esperes ni otro infierno.

El rostro es la imagen y el mapa del mundo: laberinto que refleja los vaivenes del entorno infinito: la historia universal es la de un solo hombre.

La comunión con el universo tiene un coste: hay que renunciar a construir refugios privados para una intimidad presuntamente inviolable: eres tu cuerpo y eres tu alma y es arduo, o imposible, fijar la frontera que los divide.

La memoria de un hombre no es una suma, es un desorden de las posibilidades indefinidas. San Agustín, si no me engaño, habla de los palacios y cavernas de la memoria. La segunda metáfora es la más justa.

[El arte] Estamos acostumbrados a ver en los espejos malvadas fábricas de sueños e ilusiones. Por fin encontramos uno que cambia en realidad la apariencia y nos devuelve el verdadero rostro, no el que insisten en presentarnos las bruñidas superficies que consultamos de ordinario.

El destino literario: la literatura puede conventirse en destino, que vertir la desventura en el molde de las palabras, es un modo de verificar el rumbo de la existencia.

Aquí yo te espero
entre diferentes cervezas rubias.

Y yo, y mi yo, huyendo sin cesar
para llegarte a lo más íntimo posible.

Wittgenstein sobre la enfermedad mental

"Si yo padeciera una enfermedad mental, lo que más me atemorizaría sería que usted adoptara una actitud de sentido común; que usted diera por sentado que yo estaría engañado. (La locura no necesita considerarse como una enfermedad. ¿Por qué no habría de considerársela como un repentino -más o menos repentino- cambio de carácter?

Resultaría interesante para nosotros amparar este fenómeno como algo diferente, por así decirlo. Pienso por ejemplo, en la enfermedad mental.

Fragmentos en los que se detuvo Bru 1

Empiezo mi relación con un hecho que acaeció cuando yo tenía diez años y asistía a la escuela de latín de nuestra pequeña población. Algunas cosas de aquel tiempo exhalan aún para mí su perfume, matizadas de melancolía o asociadas a gratos escalofríos: calles oscuras o iluminadas, casas y torres, campanadas de reloj y caras humanas, aposentos cómodos donde se respira el cálido bienestar, aposentos llenos de misterio vinculados a una fuerte sensación de miedo a los aparecidos. Olor a intimidad caliente, a conejos y a criados, a remedios caseros y a fruta seca. Dos mundos diferentes afluían ahí, confundiéndose; el día y la noche parecían depender de polos distintos. De aquellos mundos uno se reducía a la casa paterna, y ni siquiera la abarcaba toda; en puridad, sólo abarcaba las personas de mi padre y mi madre. Este mundo me era perfectamente conocidos en casi todos los aspectos; sus principales palabras eran papá y mamá, amor y severidad, ejemplo y educación. Sus atributos eran la luz, la claridad, la limpieza. Las frases cariñosas, las manos bien lavadas, los vestidos limpios y las buenas costumbres tenían su centro en él. Se entonaban dentro de él los cánticos corales mañaneros y se festejaba la nochebuena. En tal mundo había líneas rectas y caminos que conducían derechamente al porvenir; formaban parte de él el deber y la culpa, el remordimiento y la confesión, y el perdón y los buenos propósitos, el amor y la veneración.
....................
En cada uno de los seres humanos se ha hecho forma el espíritu, en cada uno padece la criatura, en cada uno de ellos un Redentor es crucificado. Pocos saben hoy lo que es el hombre. Muchos los sienten y, por sentirlo, mueren más aliviados, como yo moriré más aliviado si consigo concluir este relato. No creo ser un hombre que sabe. He sido un hombre que busca y lo soy todavía, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí. Mi historia no es grata, no es suave ni armoniosa; no es como las historias inventadas; sabe a insensatez y a confusión, a demencia y a sueño, como la vida de todos los hombres, como la vida de todos los hombre que no quieren seguir mintiéndose a sí mismos. La existencia de todo ser humano es un camino hacía sí, o un conato de camino o un simple rastro. Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo, pero todos aspiran a serlo, confusamente unos, más claramente otros, cada uno como puede. Todos llevan consigo viscosidades y fragmentos de cáscara de huevo procedentes de un mundo primigenio. Hay quien no llega jamás a ser hombre, y sigue siendo rana, ardilla u hormiga. Hay quien es hombre de medio cuerpo para arriba y pez en lo demás. Mas cada uno es un impulso de la Naturaleza hacia el hombre. Todos nosotros tenemos orígenes iguales: las madres; todos provenimos de la misma sima, pero cada uno, representante de una tentativa y de un impulso desde lo hondo, tiende a su propio fin. Así, podemos entendernos unos a otros, pero sólo a sí mismo puede cada cual interpretarse.
[H. HESSE, principio y final de Demian].

lunes, 4 de octubre de 2010

Mientras no tengamos rostro

"Más bonita que Andrómeda, más bonita que Helena, más bonita que la misma Afrodita. Era una belleza que no deslumbraba hasta después de dejarla de mirar y meditar sobre ella. Mientras estaba a su lado no deslumbraba. Parecía la cosa más natural del mundo".

"Lo único que me consolaba era algo muy diferente. Apenas era un pensamiento, algo muy difícil de expresar con palabras. Había en él mucha filosofía del zorro, cosas que él dice sobre los dioses o sobre la naturaleza divina, pero mezcladas también con otras que decía también el sacerdote sobre la sangre y la tierra y sobre cómo los sacrificios fertilizan las cosechas -no me explico bien. Parecía proceder de aquel del que proceden los temores y las lágrimas. No tenía forma definida. Simplemente había que aferrarse a ello o dejar que se aferrase a ti".

"Mi temor era el tributo a lo inmortal de la carne mortal. Y tras la cumbre inabordable de su incomprensible lenguaje -apenas esta se hubo alcanzado- se oyó el llanto".

"¿O al menos había sido así en el pasado, aquel mismo pasado que después el dios quiso alterar? Y si los dioses pueden alterarlo ¿por qué nunca lo hacen por piedad?".

"En doce meses nada hablaría ni palpitaría por otra cosa que por vos".

"Dicen que un preso es capaz de domar una rata, que llega a quererla de algún modo".

"No es que disipase en absoluto aquellas penas sino que parecían bajo su efecto nobles y gloriosas como una música triste y yo grande y admirable para sufrirlas. Era la reina grande y triste de una canción".

"Con la vejez fue perdiendo el aire de filósofo para versar su charla como retórica, figuras y poesía. Su voz alcanzó un timbre cada vez más estridente y no pensaba de hablar y hablar. Muchas veces me confundía con Psique; otras me llamaba Cretis o con nombre de varón como Cármies o Glaucón".

"En un mundo así (¿existe acaso? No es el nuestro, por descontado) mi camino hubiera sido recto. Ni los propios hubieran podido hallarme culpable. Y ahora contar mi historia como si yo hubiese tenido esa visión que ellos mismos me habían negado".

"Es como oír a un niño tonto silbar una y otra vez la misma canción hasta que uno llega a preguntarse cómo es posible que él mismo lo resista".

"Porque todo aquello que entonces era un simple parpadeo cazado al vuelo en una mirada o un gesto, todo lo que quería decir especialmente al decir su nombre, se había hecho ahora totalmente presente, y no como una insinuación o detalle que deben ser reconstruidos, no como algo que una vez es una cosa y luego otra. ¿Una diosa? Era la primera vez que veía a una mujer de verdad".

"Cuando a uno le llega la hora en que por fin se ve obligado a pronunciar las palabras que durante años ha cobijado en los entresijos del alma, las que , en todo tiempo, no ha hecho más que repetir y repetir como un idiota, uno no haya gozo alguno en las palabras. Comprendí muy bien por qué los dioses no nos hablan abiertamente, ni nos dejan responder. Mientras esas palabras no puedan sernos arrancadas ¿por qué iban a prestar oídos a la cháchara que creemos querer decir? ¿Cómo van a mostrarse ante nosotros cara a cara mientras no tengamos rostro?".

"Vi entonces que las paredes de aquel lugar estaban pintadas, historiadas".

"- Abuelo ¿se volverán así de hermosos los dioses algún día?
- Dicen... pero ni yo que estoy muerto entiendo más que un par de palabras en su lengua y no del todo. Sólo sé esto. Esta era nuestra será un día pasado remoto. Y la Naturaleza Divina puede alterar el pasado. Nada tiene todavía su verdadera forma".

"- Pero ¿quiénes eran? ¿Dos Psiques, una vestida y otra desnuda? Sí, dos psiques, las dos hermosas (si eso tenía ahora algo de importancia) más allá de lo imaginable, aunque no exactamente iguales.
- Tú también eres Psique -se oyó decir a una voz potente".

Carta de Abelardo de Eloísa IV

"Perdónanos pues -y perdona a aquella que es toda tuya- por insistir en las palabras con que traspasas nuestras almas como con espadas de muerte, pues lo que antecede a la muerte es más duro que la misma muerte. Un alma llena de dolor no puede vivir en calma, ni la mente llnea de ansiedad se puede entregar de veras a Dios".

miércoles, 8 de septiembre de 2010

"Quiero ir a ver a Bru" - Leyre


"Lo malo en el caso Ginzburg no es, como usted supondrá, que los milagros sean manipulados, sino al contrario: ¡No nos libramos de los milagros! !No podremos librarnos de las rosas que en medio del invierno crecen allí donde yace la hermana Rahel!" [Heinrich Böll, Retrato de un grupo con señora].

Bru ante el penalty


"Bloch empezó a percibir de nuevo, y todo al mismo tiempo, siluetas, movimientos, voces, llamadas y formas en lugar de cabellos teñidos con las raíces oscuras, en lugar de un broche solitario en el escote, en lugar de unas uñas ennegrecidas, en lugar de una sola espinilla en las cejas depildas, en lugar del abrigo de pieles en el asiento de una silla de café. Con un solo movimiento, rápido y sereno, cogió al vuelo el bolso que de improviso se había caído de la mesa".

"Bloch estaba bastante borracho. Parecía como si todos los objetos estuvieran fuera de su alcance. Estaba tan alejado de los acontecimientos, que él mismo ya no se hallaba en lo que veía o escuchaba. ¡Como las fotografías aéreas!, pensó, mientras miraba los cuernos y las cornamentas que estaban colgadas en la pared. Los ruidos le parecían intermitencias de la radio, eran parecidos a las voces y carraspeos que se oían en las retransmisiones por la radio de los servicios litúrgicos".

Se vio a sí mismo como si de repente hubiera degenerado a cualquier otra cosa. Ya no encajaba en la realidad; solamente era, y quería seguir siéndolo, afectación e instintos asesinos; yacía allí tan claro y manifiesto, que no se le ocurría ninguna imagen con la que pudiera establecerse una comparación. Era, tal como estaba allí, algo lascivo obsceno, inoportuno: ¡que le entierren!, pensó Bloch, ¡prohibidle, apartadle! Cuando se palpaba recibía una sensación desagradable, pero entonces se dio cuenta de que lo que ocurría era solamente que su conciencia de sí misma era tan fuerte, que la sentía en forma del sentido del tacto en toda la superficie del cuerpo; (...) yacía allí indefenso, incapaz de resistir; con su repugnante interior al descubierto; y no le resultaba desconocido, solamente lo veía de una manera distinta y le parecía repugnante. Se había producido una sacudida y con una sacudida se había desnaturalizado, se había roto su cohesión con el curso de los acontecimientos. Yacía allí, imposible de creer y a la vez tan real; ya no existían comparaciones. Su conciencia de sí mismo era tan fuerte, que le sobrevino una angustia mortal. Comenzó a dudar. Una moneda cayó en el suelo y fue a parar rodando debajo de la cama; se detuvo: ¿una comparación? Entonces se durmió".

"Entonces todo marchó bien durante un rato; los movimientos de los labios de las personas que hablaban con él concordaban con lo que les oía decir; las cosas no se componían solamente de fachada; en el muelle de carga de la lechería estaban arrastrando sacos de harina dentro del almacén; cuando alguien gritaba algo desde el otro extremo de la calle, se oía verdaderamente como si viniera de allá lejos; al parecer, la gente pasaba por la acera de enfrente no recibía ningún dinero por aparecer en un segundo plano; el mozo que llevaba un esparadrapo debajo del ojo tenía una costra real; y la lluvia no aparecía solamente en primer término, sino que caía en la totalidad del campo visual. Entonces Bloch se encontró bajo el alero de una iglesia. Probablemente había llegado allí por alguna callejuela y, cuando empezó a llover, se metió debajo del tejado".

"De manera que el cielo de fondo no se pintaba a ciegas, extendiendo los colores en el indispensable mortero húmedo con el pincel más grueso que se pudiera encontrar o incluso con una brocha, sino que el pintor tenía que pintar un cielo de verdad. (...) Y verdaderamente aquel fondo no parecía solamente un cielo porque estamos acostumbrados a imaginarnos el cielo como fondo sino porque allí, trazo por trazo, estaba pintado el cielo. Estaba pintado con tanta exactitud, pensó Bloch, que casi parecía como si estuviese dibujado; por lo menos con mucha más exactitud que las figurar en primer plano. ¿Y si había añadido el pájaro por algún enfado que había tenido? ¿Y había pintado el pájaro desde un principio o solamente lo había pintado cuando ya había terminado? ¿Y si el artista que había pintado el fondo estaba desesperado?

"Bloch estaba irritado. Dentro de los fragmentos veía los detalles con tanta claridad que le resultaba molesto: como si los trozos que veía salieran por la totalidad. Los detalles le parecían otra vez placas con nombres grabados. "Letreros luminosos", pensó. Así por ejemplo, cuando veía la oreja de la camarera con el pendiente, lo tomaba como algo representativo de toda la persona".

"Y no solamente era una insinuación todo lo que se decía, sino que también los objetos que tenía a su alrededor estaban allí para sugerirle algo. "¡Como si estuvieran haciéndome señas y guiñándome el ojo!", pensó Bloch".

"No era un chillido lo que le asustaba, sino una frase sin pies ni cabeza, después de un montón de frases normales y corrientes. Parecía como si todas las cosas tuvieran otro nombre".

"Se anunció un penalty. (...) - El portero está pensando hacia qué esquina va a lanzar el otro el balón -dijo Bloch-. Si conoce al jugador, sabrá cuál es la esquina que elige normalmente. Pero generalmente, el jugador que lanza el penalty cuenta también con que el portero estas o aquellas conjeturas. Así que el portero sigue reflexionando, y llega a la conclusión de que esta vez el tiro irá dirigido a la otra esquina. ¿Pero qué ocurre si el jugador continúa reflexionando también, y decide dirigir el tiro a la esquina acostumbrada? (...) Bloch vio cómo poco a poco todos los jugadores iban saliendo del área de castigo. (...) - Cuando el jugador toma carrerilla el portero indica con el cuerpo inconscientemente en que se va a lanzar, antes de que hayan dado la patada al balón el jugador puede entonces lanzar el balón tranquilamente en la otra dirección -dijo Bloch-. Es como si el portero intentara abrir una puerta con una brizna de paja. De repente el jugador echó a correr. El portero, que llevaba una camiseta de un amarillo chillón, se quedó parado sin hacer un solo movimiento, y y el jugador le lanzó el balón a las manos".
[Peter Handke, el miedo del portero al penalty].

Memoria e inmortalidad


"Hasta ese momento no supe que era inmortal ni supe hasta qué punto también era moral: oí los gritos de los niños asesinados en Belén, y con aquellos gritos se mezclaba el grito de la muerte de Fruklahr, un grito que no había oído nadie, pero que ahora llegaba a mis oídos: olía el aliento de los leones que despedazaron a los mártires, sentí sus zarpas como espinas en mi carne; sentí el saber del agua salina de los mares, gotas amargas de lo más profundo de las profundidades, y se me aparecieron imágenes que se desbordaban de sus marcos como el agua se desborda por las orillas..., paisajes que jamás había visto, rostros que jamás había conocido, y me adentré por aquellas imágenes hasta llegar al rostro de Hedwig, choqué con Brolaski, con Helene Frenkel, con Frulahr, me abrí paso de nuevo hasta Hedwig, y supe que su rostro era imperecedero, que volvería a verla con un pañuelo encima del rostro, un pañuelo que yo arrancaría para mostrar aquel rostro a Gröming. El rostro de Hedwig, que no podía ver con mis ojos, porque la noche era tan oscura: pero yo no necesitaba ojos para verla. Surgieron imágenes de la cámara oscura: me vi a mí mismo inclinándome con un extraño sobre Hedwig, y tuve celos de mí mismo; vi al hombre que la había abordado, sus dientes amarillos, su carrera, vi a Mozart, lo vi sonreír a la señorita Klontick, la profesora de piano que vivió junto a nuestra casa, y la señora Kurbelstrasse aparecía llorando en todas las imágenes, y seguía siendo lunes, y supe que yo no querría seguir adelante, lo que quería era volver atrás, no se adónde, pero atrás" [H. Böll, El pan de los años mozos].

viernes, 3 de septiembre de 2010

Cuando seas viejo (una modificación a un poema de Yeats)



Cuando seas viejo, y gris, y vencido del sueño,
dormites junto al fuego y veas esta que ahora escribo,
y lentamente leas, y sueñes con la dulce mirada
que tuvieron sus ojos una vez, y sus sombras profundas.
Cuántos amaron los momentos de su gloria feliz,
y amaron su belleza con amor falso o sincero.
Más un hombre amó en él su alma peregrina
y amó también las penas de su rostro cambiante.
Y al inclinare al resplandor vecino
murmurarás con algo de tristeza, como él huyó
y a grandes pasos recorrió montañas
y su rostro se escondió en multitud de estrellas.

jueves, 15 de julio de 2010

Agua salada


"Algunas veces, cuando estaba diciendo unas frases que había pensado con anterioridad, se equivocaba; cuando lo que decían las peluqueras resultaba ser exactamente igual que lo que él se había imaginado mientras estaba escuchando, le era imposible contestar" [P. HANDKE, El miedo del portero al penalty].


"Y las hojas se movían tan lentamente en la superficie de agua que se intentaba mirar sin pestañear hasta que le ardían los ojos, pues se tenía miedo de que, con el pestañeo se pudiera confundir, sin darse cuenta, el movimiento de las pestañas con el movimiento de las hojas" [Ibid].

Bru y el eterno femenino

"Y la verdad es que las mujeres no le ayudan nada a uno a procurar no estropear algo realmente bueno" [J. D. SALINGER, El guardián entre el centeno].



"¿Qué tendré que hacer mañana para no perder lo que ya tengo, para que el pasado y el futuro sean lo mismo?" [A. POMBO, Telepena de Celia Cecilia].

"Celia dice mucho más de lo que cree que dice, lo que Celia me cuenta es lo que va haciendo conmigo, lo que cuenta es su acción de contármelo, va haciéndome ver el mayúsculo asombro de las cosas que pensamos y escribimos en minúscula, cuenta... Es como si oyera por primera vez la vida altisonante del puro que no suena, excepcional de puro cotidiana... Sin Celia Cecilia yo habría de escribir hace años" [Ibid].

Te llevaste la luz


y me dejaste chispas desacompasadas

viernes, 9 de julio de 2010

Una adorable criatura

"¿El bien y el mal? Todo está bien. Si sucede tiene que ser bueno. De otro modo, no sucedería. Es, sencillamente, el modo en que discurre la vida. Cómo mueve las cosas. Yo me muevo con ella. No hago preguntas" [TRUMAN CAPOTE, Y luego ocurrió todo].



"En el trayecto pasamos por el Bowery. Diminutas cosas de empeño, puestos para donar sangre, pensiones de cincuenta centavos el catre, pequeños hoteles sombríos de un dólar la cama y bares para blancos, bares para negros, en todas partes mendigos, pedigüeñas jóvenes, nada jóvenes, ancianos, vagabundos en cuclillas al borde de la acera, agachadas entre vidrios rotos y restos de vómito, pordioseros reclinados en portales y apelotonados ante un semáforo rojo, un espantapájaros de purpúrea nariz se acercó a nosotros dando traspiés y empezó a restregar el parabrisas del taxi con un trapo húmedo, sujeto con mano temblorosa. Nuestro conductor, furioso, gritó obscenidades en italiano" [TRUMAN CAPOTE, Una adorable criatura].

miércoles, 7 de julio de 2010

El inocente no espera


Si un platillo se hace añicos con estrépito, un balón que rueda aplasta las flores, manos infantiles arrojan guijarros a la pintura de los coches, lo recién lavado recién planchado es rociado por las mangueras del jardín, entonces las voces se vuelven estridentes, las voces que no pueden chillar ni por estafas ni por adulterios ni abortos. "Hija, tienes los oídos super-sensibles, toma una medicina". No tomes nada, Marie [...]. En vano intentarás irritarte con el trasnochado consumo de derechas de Blothert. Hay una bonita palabra: nada. No pienses en nada. Ni en el canciller, ni en los católicos, piensa en el payaso que llora en bañera, que derrama café en sus zapatillas [Heinrich Böll, Opiniones de una payaso, XIV].

viernes, 2 de julio de 2010

Elegía al 20 de abril de dos mil diez.


El ultimo suspiro de Bru

Junto a mi cama,

De madrugada,

Sus últimos pasos,

Sus últimos escalones

Para dar a mi lado

Su último aliento,

Mientras dormía

Yo y tal vez para dormir

Antes de darlo,

Para mirar si estaba,

Acariciar por última vez

La cama,

Subir el morro,

Rozar el cuello

Sobre mi sábana,

Ver la noche otra vez

Antes de acostarse,

Junto a mi cama,

Batir a la vez

Su respirar a través

Del mío,

Sordo, inconsciente,

O tal vez, estuviera en vela

Como una noche más

Y subió para levantar

su cuerpo,

el camino a la ducha,

si fuera martes,

para salir por el cerro,

si fuera viernes

para esperar

la tarde más larga.

Eso me ha dejado,

Ese último secreto,

Eso me ha pedido,

Estar aún vivo,

Entre dientes,

Eso decía,

Miro con tus ojos,

Ahora son míos,

No estamos más cerca,

Pero en mente

Espero, sin prisa,

Tu último suspiro

Que te ayudaré a dar

Con el mío.

Desde entonces,

Son ya muchos,

Quince días,

Te he llorado

Cuando hacía con

Leyre el camino

De siempre,

Te he sentido

En la noche

No a mi lado,

Si no detrás,

Más alegre,

Más vivo,

más fuego que antes,

terreno, familiar,

perplejo,

no comprendes

que no puedo verte,

que no estás

si no te veo,

y la pequeña

me dice

al recoger una flor

rosa:

un poco más, flor

preciosa,

no queda nada,

qué paz me has dado

sin faltar un día,

una hora,

qué paz me diste

al saber

que un niño

puede ser Dios

como tú

fuiste

lo que hicimos,

caminamos,

sufrimos,

juntos,

tú nunca dudaste,

sobre todo eso,

tú nunca hablaste,

tú me hiciste

imposible

vivir sin ti,

sin volver,

y ahora,

cómo lo has hecho,

cómo has derribado

cualquier camino

que te llegue,

dónde me estás

esperando.

Sé dónde,

Lo sé.

Detrás mía.

Tras los astros.

Volver

Y detenerte

En tu última

Exhalación,

Vivir en ella

Como si para ti

Fuera una victoria,

Una día, no

Ya muchos,

Un día

Tras esa noche

En que me levanté

Y tus dientes

Me señalaban,

Mirando hacia mí

Tu cuerpo pesó

Más que el latido

Del volcán.

Como una roca

Caíste,

Dejando la estela,

Una llamada,

Algo que hace hunde

Hacia al centro,

Que me vuelve

La espalda,

Que me hace gritar

Tan profundo

Que ningún eco

Te sigue,

Que ningún color

Le acompaña.

miércoles, 30 de junio de 2010

lunes, 7 de junio de 2010

Oda final


Te has quedado
solo,
celebrado
con negro del que no
sabes,
no puedes sospechar
el aire del futuro
que dejabas,
no ya hay
para ti camino.
Busco torpes
compañías
para olvidarme
de tu simular bondadoso,
no vales tu recuerdo,
no existes.

Fuiste un algo feliz
que arriesgaste,
para echarlo perder
a mi lado,
¿cómo contar desposeído
cuando me haces tragar
este llanto?
No pusiste precios,
no te demoraste
como yo
en lo salvaje,
pero siempre en vela
acariciaste a un miserable,
para hacerle creer
que alguien le espera.

No hablo de momentos de paz,
ni de consuelo,
sólo quiero cantar la queja
que tu fuiste aquí,
da igual las horas,
de tu no estar,
desde entonces,
de ese azote.

Fuiste amador
de cualquier locura
que tramaba,
fuiste en lo profundo indomable,
huías sin decir nada
para darme palabras
mansas,
para aquietar mi alma;
amaste, sí,
la rama truncada
y sus ligeros brotes
en donde mecías tu sombra
a mis pies:
tu astucia indefinida,
tu mirar pardo,
tu arquear.

Tuviste rostro
y reprochabas al tiempo
que te dejaba solo,
fuiste conmigo
de noche deslumbrada,
con un miedo fingido,
un pisar largo,
pasaste el tiempo
sin yo merecerlo,
siempre temprano, cercano,
como un don
sin término
para darme gotas de arena
que te has llevado.

Nunca te desmentiste
del horror de mi pasado,
ni de las tierras afiladas
que hollamos,
más de un vez perdidos,
más de una vez
desgarrados.

No puedes
empujar mis pasos,
una vuelta atrás a
tu último "soy",
ahora desnuda,
voz trasnochada.

Todo ya te ha sido dado.

lunes, 19 de abril de 2010

miércoles, 7 de abril de 2010

7 de abril de 2010

Gracias a Mishima

Don Bru de Brooklyn…

Tú siempre esperas a su paciencia,

El tiempo pasa

Con la fuerza del desvanecimiento

Pero tú ya lo conoces todo.

Bellas y buenas experiencias

Sí, es lo mejor que puede tener un hombre